La Mejor Terapia del Mundo

Cuando emprendemos una de las experiencias más exitantes realizadas por el hombre que es viajar, ya sea por compromisos o vacaciones, trasladamos nuestras vidas -completas- a otro destino en el mundo lejos de nuestras costumbres, habitos y mañas para disfrutar o someternos (de acuerdo como se quiera ver) a “al lugar donde fueres haz lo que vieres”.

A algunos les resulta realmente fascinante, el cambio les renueva baterías y otros más montunos se ponen majaderos y después de dos días ya se quieren regresar pa’ su rancho.

Para mi, como es algo que no hago habitualmente, siento que respirar otro aire es como agüita de mayo, para el alma, el espíritu y la psiquis porque la monotonía vuelve loco al más cuerdo. Afortunadamente, logro realizar viajecitos internos dentro de mi país y eso me ayuda a renovar cada cierto tiempo.

Pero salir del país, señores, es el paseito dominguero al que todos deberíamos poder acceder. Siempre digo en broma que Dios de repente la hubiese botado más si todos los seres humanos sin distinción tuviésemos derecho a una semanita sin restricciones económicas de ningún tipo y pudiésemos viajar y tener una vida VIP, aunque sea para saber lo que se siente jajajajaja pa que no nos echen cuento, digo yo, de repente serviría de estímulo para que la gente se trace metas contundentes.

Bueno, regresando al tema, creo sin temor a equivocarme, que al viajar por el motivo que sea estimula a la gente a andar, andar y andar; haciendo mandados, comprando en los mall, visitando lugares o personas entrañables o trabajando; el asunto es que nadie viaja para estar encerrado en un hotel o en casa ajena.

Y eso, me lleva a otro asunto, ese estarse moviendo para todos lados tiene su precio, y el cuerpo lo grita: cansancio sin igual, dolores y hasta enfermedades virales; pero a nadie le importa un pepino. Inclusive hay muchos que dicen que luego de viajar se necesitan más días para descansar y recomponernos. Los que van de vacaciones dicen: “necesitamos una vacaciones de las vacaciones”. Es que estando fuera todo se hace a velocidad para abarcar más de lo que sea que desees hacer, el placer de viajar, supera cualquier incomodidad, hace a la gente más tolerante, abierta, cosmopolita, amplia de pensamiento porque en cada ocasión conoces gente, lugares, costumbres, comidas y de todo.

Como siempre digo, todo en exceso se friega y es malo, al final nada como el calorcito de nuestro nido en casa, pero poder llevar un equilibrio entre ese calorcito y unos cuantos viajecitos harían la vida de muchos más llevadera y positiva. Por supuesto, el lugar donde vas y la compañía a veces lo son todo para que quede plasmado en el libro de tu vida como uno de los mejores recuerdos.

Pienso en serio que quienes pueden hacer esto, son bendecidos, porque NADA de viajar es económico o se puede ir muy limitado.

Soy bien casera, lo reconozco, pero salir a tomar otros aires y el dolor del estropeo que te recuerda que estás vivo para gozar de esos placeres, mismos placeres que son lo único que te vas a llevar cuando partas de este mundo; eso me tiene meditando hace rato sobre algunas prioridades que debo mover a otras posiciones para dar paso a la mejor terapia del mundo.

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