Seremos pocas, pero firmes y seguras…

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Hoy deseo compartirles algunas experiencias que me dejan pensando que vivimos en un mundo tan lleno de contradicciones que da mareo, porque por un lado hay gente “disque” defensora de la igualdad y de la no discriminación y de las libertades en todos los sentidos, pero por otro lado esos mismos, si tu osas no opinar exactamente igual que ellos dirigen todo su arsenal hacia ti y prepárate, entonces de qué estamos hablando??! No que todos tenemos derecho a pensar como nos de la gana y podemos llevar la vida como mejor nos parezca sin que nadie tenga derecho a criticarnos?

Miren por ejemplo lo que a mi me pasa; primero que todo les comento que me parece muy triste que a medida que pasa el tiempo existe más y más desintegración familiar y violencia intrafamiliar a todos los niveles (no se salva nadie, ni la realeza por poner un ejemplo). No sé si es que antes la gente estaba realmente convencida de que había que amar para comprometerse en matrimonio o si le daban más importancia a esa unión o simple y sencillamente se casaban bajo la premisa que no importara lo que sucediera dentro de cada casa, el matrimonio se iba a conservar si o si y nada ni nadie rompería ese lazo. Es más, en aquellos lejanos tiempos las mujeres que quedaban solas con sus hijos eran en su mayoría las que enviudaban y volverse a casar era todo un tema.

Luego siguieron los tiempos en que algunas cuantas valientes oprimidas y poco valoradas esposas tomaban el toro por los cuernos y decidían divorciarse por el bien y la felicidad de ellas y de sus hijos; situación que a ellas les generaba un terrible peso social sobre sus hombros, porque en vez de ser vistas como lo estoicas y fuertes que eran, más bien las etiquetaban como rebeldes renegadas, mujeres libertinas que decidían abandonar su “matrimonio” y renunciaban a tener un esposo que las representara o defendiera de cualquier situación que ellas no pudieran manejar, en cierta forma eran vistas como débiles, como menos, como seres que no podían salir adelante solas y esa idea era totalmente equivocada porque con el tiempo hemos demostrado que podemos en igualdad de condiciones y si piden el kilómetro extra ahí vamos corriendo a darlo pa que nadie se queje. Las pobres no solo eran poco valoradas y poco respetadas sino que les llamaban “las divorciadas” como algo despectivo, como si fuesen artículos de segunda en mal estado.

Gracias a Dios la vida cambio y la evolución mental se dio, se abrieron nuevos horizontes y una mujer divorciada no era tan despreciada por algún que otro galán que quisiera casarse con ella, eso no era impedimento para que reanudara su vida amorosa con alguien que realmente la valorara y le diera el puesto que se merece, al fin y al cabo no siempre se encuentra el príncipe azul al primer intento; aún así, siempre existirán madres que les digan a sus hijos: “por Dios! como te vas a casar con esa mujer divorciada y parida pudiendo poner tus ojos en otra muchacha igual de joven y bonita pero sin pasado ni hijo a cuestas, ten tus propios hijos etc etc”, ojo!! Que no son imaginaciones mias, son frases que sé que han dicho madres que conozco. Aún así si ellos están enamorados hasta el tuétano, se casan y la madre, si es inteligente, le toca aceptar su nueva nuera divorciada y a los nietos postizos con cara de “todos somos la gran familia”, si desea que su hijo sea feliz.

Pero en estas nuevas épocas, existe un fenómeno que yo le llamo “la vuelta de la tortilla”, resulta que ahora lamentablemente en reuniones (por dar un ejemplo) donde hay 10 mujeres por lo menos 7 son divorciadas y una está soltera que nunca se ha casado y entonces las “raras” son esas dos que están casadas; y aquí es donde se pone la cosa buena; comprendo perfectamente que hay matrimonios que son imposible sostener (muchas peleas, maltratos tanto entre las partes como a los hijos, infidelidades, consumo de cuanta perdición etc), definitivamente hay que aceptar que de repente esas mujeres escogieron mal o se apresuraron a casarse con alguien que aun no conocían bien. Pero, también existen muchos divorcios de gente que se casó solamente por cumplir un compromiso social pensando en la gran boda y parranda sin darse cuenta que luego de esa fanfarrea viene la vida real, otras se casan por interés, otras se casan por presión sin estar seguras, y así sucesivamente, en estos casos donde les pica el primer mosquito o el marido se echa el primer gas intestinal saltan a divorciarse; para terminar de rematar, esas mismas corren a parir en cuanto se casan porque resulta que ese es el siguiente punto en la lista de “requisitos para estar IN con la sociedad”, entonces al final se divorcian porque desde que entraron por la puerta de la iglesia o el juzgado ya iban pensando en el divorcio como una opción de salida y encima tienen hijos que ni atienden ni crian y hasta involucran en la guerra contra el padre, – un desastre-.

Es en ese momento que se convierten en las personas más empoderadas del mundo y algunas se transforman en lo que siempre han criticado, resulta que como se han convertido en mayoría y que de esa mayoría un porcentaje alto se ha divorciado en pésimos términos, a las que ven feo y con cara de lástima “ay pobrecita” es a las que estamos casadas. Hace un tiempo atrás alguien me entrevistaba y me preguntaba sobre mi matrimonio y mi esposo etc (yo era como un bicho raro) o al menos así me sentí, la persona indagaba e indagaba a ver por dónde me podía sacar que yo dijera algo malo o negativo de flamantisimo y yo la veía con extrañeza diciendo: “pero no entiendo, yo soy feliz y estoy cool con mi esposo, por qué razón tiene que estar mal algo?” Creo que ella eso no lo computaba, no lo digería, para ella el matrimonio es directamente proporcional a problemas, peleas y estado de tristeza que hay que abandonar, al yo decirle lo contrario ella ponía cara como de: “no entiendo, que cosa tan rara”, hasta esos grados llega la psiquis de mujeres que no han tenido buenas experiencias en el amor.

Pensé que yo era la única que me sentía así y el día que entrevisté para mi blog a Karem Chalmers, me comenta exactamente la misma situación, ella está felizmente casada hace muchos años y reconoce que a su alrededor más son las divorciadas (que ahora ostentan el título de solteras por ley), que las que se mantienen comprometidas con un hombre por muchos años, pero reconocía que sus amigas y conocidas se habían acostumbrado y sabían que ella es feliz con su marido y su hogar. Y yo pensaba nuevamente: “ahora sí pues, buena vaina; somos las raras que las otras nos ven como excepción y encima disque muy comprensivas nos “aceptan”, como si fuese una condición, enfermedad o algo similar”.

Pero la tapa del coco se da cuando por ejemplo me siento a conversar con algún grupo de amigas y conocidas, en algún evento o algo y la única casada soy yo, resulta que hasta quedo fuera de conversación porque ni me paran bolas, ellas se hacen porras entre ellas contándose sus hazañas de como les hicieron pagar a sus exes los malos momentos vividos, junto a aplausos y felicitaciones seguidos de “eres lo máximo y no necesitas ningún mar….n a tu lado que te haga la vida imposible tu puedes sola y ahora la felicidad es total absoluta y se ponen de acuerdo para las respectivas rumbas, poncheras y viajes de gozadera; además de la clásica frase: “tu ten cualquier numerito por ahí que marque tarjeta de vez en cuando y listo, somos nosotras las que tenemos ese poder, no estamos para enamoramientos a estas alturas”, casi ninguna quiere volver a repetir la experiencia de vivir en pareja y probar si por casualidad le sale la buena fortuna de un buen marido. Lo que me hace sentir ofendida, a ratos, es que me han llegado a ver como si yo estuviese mal, algo así como “pobrecita, vive en la desdicha, ella no puede ser feliz como nosotras”

Oye!! Y lo digo con toda propiedad YO SI SOY FELIZ VIVIENDO EN MATRIMONIO, que si he tenido malos momentos?? Sí claro, la vida de nadie es perfecta, pero él y yo hemos encontrado el punto exacto donde equiparamos nuestras listas de pros y contras y trabajamos por un bien común, seguir manteniendo la llama del amor encendida y criar a nuestros hijos lo mejor que podemos; eso nos hace feliz a ambos; además afortunadamente él me deja “ser” me da mi espacio, me secunda, es mi cómplice y mi mayor crítico, pero principalmente mi incondicional y es mutuo, creo que todo se debe a que no callamos nada, nos comunicamos principalmente lo que no nos gusta y listo, resolvemos. Ojo! Que no es que él vino así de fábrica, todo eso se ha logrado con el tiempo, la convivencia y acuerdos bien palabriados, claro ejemplo de que sí se puede.

Es bueno que la gente en general sepa que:

1) La vida en pareja no está basada solo en su experiencia (principalmente si esa experiencia no fue buena), hay gente que sí se encontró con quien puede construir un bonito proyecto de vida y sí es feliz casada.
2) La felicidad total (como muchas describen) no es estar sola haciéndose la malita y pa arriba y pa abajo en constante rumba. Las amigas son lo máximo pero cuando regresas a tu casa y cierras la puerta te encuentras muchas veces sola con tu soledad que te hace meditar sobre muchas cosas.
3) A las que tienen hijos, van a coincidir conmigo que criar sola a sus hijos no es tarea NADA fácil, siempre es necesario el apoyo y ejemplo de la contraparte y si esa contraparte no está porque no sirve para nada; existen estupendos sustitutos que lo hacen mejor que los progenitores, dispuestos a criar esos hijos como propios. Piénsenlo.
4) Como siempre digo, en ocasiones el amor de tu vida no llega al primer intento, hay veces que la siguiente vuelta tu misma tienes la madurez y la experiencia que te permite ver lo que antes no viste y escoges mejor.
5) No menos importante, aunque digan misa; los seres humanos fuimos creados para vivir en relación, pareja, matrimonio, unión, como usted lo quiera llamar, es el estado optimo del equilibrio emocional, estar empierna’o o acurrucado en casa es una de las cosas más deliciosas que existen; vivir momentos de intimidad que solo se pueden vivir con esa persona no tiene precio.

El estado perfecto para una mujer es estar ENAMORADA, a la edad que sea, no es estar sola en franca rebeldía, eso te hará feliz un tiempo pero luego necesitas quien comparta tus noches y días.

Me alegro por aquellas que se replantean y no cierran la puerta ni las ventanas a re-enamorarse de alguien mejor que el anterior que las llene de plenitud y las haga sentir completas.

No me voy a sentir mal por vivir en pareja y por reenamorarme muchas veces de la misma persona, cada quien elije como y con quien ser feliz.

Seremos pocas pero firmes y seguras…

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